Feria de Arte: libros objeto, ofertas y hasta óleos gigantes

>Hay una muestra de los paisajes hiperrealistas de Helmut Ditsch.

>También un stand dedicado al dibujante Ciruelo. Y mucho libro objeto y de diseño.

Se respira naturaleza en "Cosmígonon" y en "Los Hielos", ambos murales, inspirados en el Glaciar Perito Moreno; y en "Point of no Return II", inspirado en la Puna de Atacama. Pero en "Los Mares II", inspirado en el Océano Atlántico, se puede ver la imagen en directo de este sonido ambiente: olas de gente que van y que vienen, buscando la lectura perdida. De pronto, como un surfer en la orilla, comiendo una manzana, aparece Helmut Ditsch, el autor de estos óleos gigantes que se exhiben en el Pabellón Rojo de la Rural.

"Es la presentación de mi libro", cuenta el artista nacido en 1962 en Villa Ballester (Argentina), radicado en Viena y Dublín desde hace casi dos décadas. En 1997 cruzó la barrera del silencio cuando el gobierno de Austria pagó 300 mil dólares por el cuadro "Cordillera" y lo convirtió en el artista argentino vivo mejor cotizado.

Aquí entró por la puerta grande. En 2001, más de 120 mil personas vieron su muestra en Bellas Artes y en 2004, en la Galería Daniel Mamán, impactó tanto por el tamaño y el precio de sus obras como por su chaqueta de brigadier; su Ferrari último modelo y los cuentos de su castillo en Irlanda.

Otra marca del intrépido Ditsch: es la primera vez que un artista plástico expone así en la Feria "Para mí es un honor y una especie de premio por no haber tomado nunca el camino correcto", dice intrigante. Acaso refiere a su épica personal. Tenía 28 años y una moto Honda 900 que liquidó para pagar el pasaje de ¡da a Viena. "Fue un exilio artístico; yo nunca me quise ir pero acá, realmente, tenía todas las puertas cerradas."

–¿Será que ese instinto ahora lo impulsó a volver.

–Buenos Aires es el lugar que me da energías. Además, no puedo estar mucho tiempo sin la gente que me da cariño. También necesitaba exponer, pero en el sentido popular.

¿Cómo es eso?

–Por ejemplo, ayer una madre vino con su hijo ciego, que tendría mi edad, para que perciba mi obra; a la noche lloré para asimilarlo. Valorar una obra como una fuente de energía, sin observarla ni objetarla, es algo que no pasa en un templo de la cultura.

–Se refiere a los museos?

–Sí, porque tienen una postura elitista. Este mundillo es un asteroide muy, pero muy pequeño. Por eso, llevar el arte a lugares alternativos genera cosas nuevas. El contacto masivo con la gente me hace bien; es como una recuperación de un claustro extremo. Un baño social necesario.

–¿No le molesta que lo reconozcan por su colección de Ferraris?

–No, porque no lo veo como un ataque. Para mí es una nave espacial. Cada tanto necesito irme de este planeta, llegar a la estratosfera y después volver al encierro, donde todo es estático y atemporal; puede ser una utopía, pero con la velocidad, siento que recupero ese tiempo que no vuelve.

Paradojas de la historia reciente, Ditsch movió el mercado local cuando le vendió aquel gran mural al publicista Ramiro Agulla, que en el spot "Dicen que soy aburrido" diferenciaba a Fernando de la Rúa de Carlos Menem, entre otras cosas, por no manejar una Ferrari. "Nunca hice esa relación; de todos modos, no se puede comparar la Testarossa, un modelo viejo, con la F-450 que yo manejo", dice altivo.

Por Matías Repar